Ética múltiple
Galimatías. 2 de agosto de 2026 Ernesto Gómez Pananá Me formé en escuelas públicas. Presenté examen de admisión para ingresar a la secundaria, al bachillerato y desde luego para la universidad. Evaluaciones presenciales, con fecha y hora precisa en las que los reactivos se contestaban llenando alvéolos con lápiz número dos (referencia solo para conocedores). Ya desde entonces, estos exámenes eran una especie de ritual de paso que había de tomarse con seriedad, eran la puerta al futuro o al fracaso. Pero eran también algo más: un primer pacto de confianza entre el aspirante y la institución. La universidad -el bachillerato o la secundaria- asumía que quien se sentaba frente a ese examen aceptaba una regla elemental: el resultado dependía exclusivamente de sus conocimientos y de su esfuerzo. La semana pasada, los medios de comunicación nacionales reportaron la crisis del primer ejercicio no-presencial realizado por la UNAM para recibir nuevos alumnos en sus licenciaturas: 196 mil aspiran...