Oposición

Galimatías. 22 de febrero de 2026
Ernesto Gómez Pananá

Ejercer el poder en un sistema democrático como el que se asume existe en México y los Estados Unidos implica la convivencia, la coordinación y el equilibrio entre los poderes vigentes, los formales y los fácticos. Este fenómeno es dinámico, fluye, se relaja, se tensiona y desafía los límites, y su premisa central es justo que se autorregula dentro y bajo las reglas del propio sistema democrático. 

La semana reciente nos da dos acontecimientos, uno nacional y uno externo, para recordar -y poner a prueba- la eficiencia de ese mecanismo.

Doy el contexto y comparto algunas reflexiones propias de mi pretendida inteligencia no-artificial.

El caso internacional nos lleva una vez más a un tema recurrente en esta su columna dominical. Faltaría más, es ese personaje de nombre Donald Trump, quien, el año pasado estableció aranceles universales nuevos del 10% a cualquier importación, amparado en la IEEPA, Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional. No hay mucho nuevo que ahondar al respecto: un personaje ignorante y autoritario imponiendo su punto de vista al planeta entero, o al menos intentándolo, porque en la semana reciente, el personaje en comento recibió un desagradable revés por parte de la Suprema Corte de aquella nación, quien seis votos contra tres, se pronunció en contra del procedimiento presidencial para imponer dichos aranceles y los echó abajo, y miren estimades 26 lectores, los aranceles sí o los aranceles no, es -figurativamente- lo de menos, acá el fondo interesante y profundamente desafiante es el que deriva de la tensión que se genera entre los poderes ejecutivo y judicial en el país de las barras y las estrellas y permite vislumbrar lo que podría venir: Trump ha roto equilibrios planetarios y a nivel interno no tendríamos por qué suponer que no intentará también seguir rompiéndolos, sea intentando reformar la ley para buscar un tercer periodo , sea, como en este caso, anunciando que le dará la vuelta a la resolución de la corte y “su” arancel generalizado se aplicará y ya no solo con el 10% sino, por qué no, y para que quede claro quién manda, con el 15%. El asunto de fondo es la confrontación abierta con el máximo tribunal judicial y el consiguiente cuestionamiento a su legitimidad. Trump no pretende un poder compartido ni reconoce la igualdad de poderes de un modelo democrático como el de esa nación, Trump asume que él es el único poder y si no fuera porque el planeta está en juego, podría decirse que lo que viene se torna interesante.

Habrá que ver si, además de imponer el arancel de origen, se sigue de largo e intenta, por qué no, disolver y/o renovar a la corte; habrá que ver, por qué no, si intenta anular al poder judicial, erigiéndose -nunca mejor dicho- en juez y parte.
Habrá que ver si no, asumiéndose como instrumento de la voluntad ciudadana, se aleja de Washington, Jefferson, Adams, Franklin, Madison, Hamilton, Jay y se aproxima a Maduro, Chávez, Ortega o Díaz Canel. Habrá que ver, por qué no, si decide la ruta mexicana e instrumenta una elección de jueces y magistrados por voluntad popular. Uno nunca sabe. Preocupante escenario. Muy preocupante. Inimaginable hasta hace muy poco.

El otro escenario, el nacional, ese no solo es imaginable sino también sabido y hasta predecible, y tiene que ver con el comportamiento del Partido del Trabajo y el Partido Verde -así se llama, no se rían-, en torno a la reforma electoral que la presidenta de México anunció que se presentará el próximo martes 24.

Como punto de partida hay que decir que el modelo electoral aún vigente proviene de tiempos de un partido hegemónico al que paulatinamente la oposición -las oposiciones- le fueron arrancando concesiones y enuncio únicamente tres, como ejemplos arcaicos de lo que éramos, de lo mucho que se logró en 50 años y de lo que aún falta por consolidar.

Las llamadas diputaciones plurinominales surgieron en la década de los setenta, con el fin de despresurizar el sistema político, ese de un partido prácticamente único y una prácticamente inexistente oposición. La intención era dar espacio a otras voces y canalizar los votos de quienes no compartían la visión hegemónica. Antes de los años ochenta, formar un partido político y poder presentarse a las elecciones era una tarea casi imposible. A inicios de esa década, la ley electoral flexibilizó los requisitos y nuevos partidos obtuvieron su registro, participaron en las elecciones y ganaron espacios de representación en la Cámara de Diputados. Ya para los años noventas, luego del fraude del 88, surgió el IFE, antecesor del INE, gracias a lo cual surgió la credencial para votar con fotografía, las urnas transparentes y todavía más importante, la organización de las elecciones quedó en manos de la autoridad electoral y ya no de la Secretaría de Gobernación, que -en ese entonces- presidía el -en ese entonces- priísta Manuel Bartlett.
Hoy, la presidenta ha encargado una reforma que, entre otras cosas, busca redefinir la manera de elegir a los legisladores plurinominales para que sí provengan de un distrito y hayan hecho campaña directa. Eso por donde se vea es favorable.

Otra de las cuestiones planteadas es que busca ajustar el financiamiento a los partidos, en el entendido, hay que decirlo, que si bien pudiera parecer alto, en su origen buscaba compensar la inequidad al competir con el -entonces- partido prácticamente único. Y aquí llego al punto de mi reflexión.

Podría entenderse que la resistencia a esta reforma proviniera del PAN o del PRI. Pero resulta que la principal oposición a estos planteamientos proviene, oh, sorpresa, de los principales aliados de Morena, entiéndase el Partido del Trabajo y el ilustrísimo Partido Verde.

Más allá de plurinominales o financiamientos, lo relevante en mi no-financiada y distrital opinión, es que será el momento en que ambas organizaciones -especialmente, faltaba más, el partido que se dice ecologista- muestren el cobre.

De poco sirve besarle la mano a -literalmente- tu madre, si no haces lo que te pide, si al contrario, haces todo lo opuesto a lo que ella expresa y espera y, cuando demanda tu apoyo irrestricto, tú lo condicionas, lo regateas y elevas su costo exponencialmente, siempre desde luego con un tono cordial y propio de los mejores colegios, un tono fifí, un tono aristocrático, de zapato reluciente y atuendo catrín, para ganar como siempre.

Flaco favor le hacen a la democracia unos aliados de semejante calaña. Más valdría activar las carpetas de investigación y mandar a la cárcel a dos docenas de líderes verdes -hay más, pero al menos- y en automático, el PT sabría a lo que se atiene y se daría cuenta de su peso específico real. Venga presidenta.

Oximoronas 1. La presidenta CSP, instruye se presente una denuncia en contra del naciente -es un decir- partido -es un decir- “Construyendo Solidaridad y Paz”, de siglas CSP, que, fortuita, casual, inocente e involuntariamente coincide con las iniciales del nombre de la presidenta. Su líder, don Hugo Eric Flores ha de ser therian. Un búho “inteligentísimo”, pero también cochi trompudo, como diríamos en Chiapas. Bien por la presidenta.

Oximoronas 2. Isaac Del Toro, ganador del tour en Emiratos Árabes Unidos. Donovan Carrillo finalista olímpico en Milán-Cortina. Históricos. Enormes.

Oximoronas 3. Servicio a la comunidad:
El primo de un amigo busca depa en renta, zona Polanco. Su presupuesto son 20 mil al mes. Se agradecerá cualquier información.

Oximoronas 4. Que sea el inicio del camino hacia una paz auténtica. Terminemos con la pesadilla.

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