Jaque mate
Galimatías. 5 de julio de 2026
Ernesto Gómez Pananá
Algunos años atrás, me topé con un libro aleccionador, uno que desde entonces se convirtió en uno de mis textos de cabecera. “Las virtudes del fracaso” es su título, el autor es el francés Charles Pépin.
Hoy, en un amanecer nacional sin festejo en el Ángel ni en las plazas, con una sensación de cruda tricolor, un sentimiento de extravío en el que no sabemos hacia dónde dirigir nuestro ímpetu futbolístico, volví a asomarme a los serenos planteamientos de Pépin.
Debo precisar también, estimados 44 lectores, que escribo esta columna en este lunes posteliminación mundialista, para reemplazar la que escribí ayer poco antes del partido México-Inglaterra en el que, a la postre, todos lo sabemos, perdimos tres a dos.
Decidí replantear mi texto luego de ver las caras de esos jóvenes deportistas, desconsolados, llorando de impotencia, con esa sensación que, -imagino-, los regresó de una patada al “perdimos como siempre” luego de haber tocado el cielo soñando con el “¿y si sí?” No debe ser fácil dar vuelta a la página.
En su libro, sin ser para nada un texto de “autoayuda”, Pépin sostiene que fracasar no es lo contrario de triunfar: puede ser el camino para conseguirlo. Desde mis personalísimas vivencias como deportista, agregaría que ese camino suele tomar tiempo. Meses, años, décadas y que la clave más profunda está en no darse por vencido y en saber entender el sentido de la victoria.
El autor también afirma que fracasar en algo no significa ser como tal un fracasado. Siempre es posible aprender del fracaso y eso de suyo abona en el camino a la victoria. Estos jóvenes que jugaron por 130 millones aún no lo dimensionan, tal vez en medio de su tristeza, pero su garra hizo historia en la cancha y tienen un enorme porvenir. Cosa, retomo nuevamente al autor, de que aprendan, de que sepan sacar lo mejor de la derrota “sufrida” ayer, porque esa es otra de las grandes diferencias valiosas entre ganar y perder: en la victoria todo aparenta haber sido perfecto. El fracaso representa -una vez más- una oportunidad irrepetible para pensar y analizar. Para reanudar o reorientar el camino y comenzar nuevamente.
Fracasar destruye la ilusión de que podemos controlarlo todo y nos obliga a preguntarnos quiénes somos y qué queremos realmente. No se trata de no fracasar; se trata de elegir no dejarlo de intentar.
Según explica el autor del libro referido, en el idioma francés, fracaso se dice “échec” y se especula que proviene del árabe “cheikh mat”, “jaque mate” en español o del persa “sha mat”, que significa “el rey está atónito”, lo que de un modo menos directo también expresa fracaso, asombro ante el fracaso. Por su parte, existe una versión que atribuye el significado del concepto, a la palabra francesa antigua “eschec”, cuyo significado es “botín”, la ganancia que un determinado actor obtiene a costa de otro, y vaya que la metáfora de este último concepto es fascinante: la derrota no es sino un botín de aprendizaje, un premio que a pesar de la derrota, representa una oportunidad de capitalizar hacia adelante.
En el fondo no se trata de aprender a fracasar, sino de aprender qué hacer con nuestros fracasos. Ni la vida ni tampoco los “torneos planetarios de balompié”, por fortuna, terminaron con el silbatazo de anoche. Grande Morita, grande Ayala, grandes Quiñones, Piojo, Santi, Raúl. Grandes jóvenes. Ya son ejemplo. Ya son triunfadores.
Oximoronas 1. Me queda claro que son canchas distintas, pero solo una cosa pediría yo a estos 26 campeones para ganarse mi total admiración: una mínima manifestación sensible frente a los asuntos que nos duelen como país: la inseguridad, la delincuencia, las 135 mil personas desaparecidas ¿Y si sí?
Oximoronas 2. Isaac del Toro gana la 2a etapa del Tour de Francia. Igualmente enorme. Igualmente histórico.
Oximoronas 3. Don Juan Carlos Cal y Mayor, funcionario público, lector y polemista. En un mundo edulcorado como el actual, ubicábase a sí mismo como un conservador, a estribor en la cubierta de este enorme barco de las posturas y las definiciones. Descanse en paz.
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