Ultramar
Galimatías. 19 de abril de 2026
Ernesto Gómez Pananá
Parte de la esencia del “ser humano” es la capacidad de soñar, soñar con curar la rabia, la tuberculosis, el VIH o el Covid-19; Soñar con encontrar una ruta más corta a Las Indias o con alcanzar las estrellas.
Cristóbal Colón imaginó una forma más eficiente para comerciar, convenció a los Reyes Católicos de financiar su encomienda y luego de setenta días de travesía, junto con un grupo de noventa hombres, finalmente tocó tierra en un aparente fracaso que terminó transformado en epopeya. Colón no logró su objetivo de llegar a Las Indias, pero a cambio, descubrió una parte del planeta para entonces desconocida. De entonces a hoy es que se edificó lo que hoy conocemos como Europa y América.
Cuatro siglos después, en 1961, los soviéticos enviaron un primer ser humano a orbitar la Tierra, y en 1969, los americanos -más específicamente los norteamericanos- pisaron por primera -y todavía única- ocasión, el suelo lunar. Mujeres y hombres emulando a Colón en la búsqueda de atravesar mares intergalácticos para descubrir nuevos territorios.
A inicios de este mes, la humanidad ha atestiguado una nueva epopeya en el espacio exterior: La misión Artemis II despegó de la Tierra y recorrió 900 mil kilómetros que le permitieron vencer la gravedad de nuestro planeta, atravesar su atmósfera, orbitar la Luna y que cuatro astronautas pudieran observar la cara oculta de nuestro satélite natural, mantener la trayectoria planeada y lograr el regreso a casa sin contratiempos. Sin duda, como especie, seguimos soñando. Orbitar exitosamente la Luna es el paso previo para volver a pisar la panza del conejo, a fin de establecer ahí una estación de recarga desde la cual poder, pronto, llevar una misión a Marte. Disculpen, estimados 31 lectores, pero imaginar un viaje al Planeta Rojo me parece tan fascinante y épico como imaginarme al navegante genovés pisando tierra en la isla de Guanahaní - San Salvador. Es como volver realidad los relatos de Julio Verne.
De acuerdo con los registros de la época, Colón retornó a Europa para informar a los reyes de su hallazgo y volvió a América en tres ocasiones más, cuatro travesías en total, pero hubo también quienes llegaron sin boleto de retorno: las carabelas arribaron a San Salvador en octubre y en diciembre del mismo año, la Santa María encalló en la isla La Española (hoy República Dominicana, paradisíaco sitio del mestizaje originario) y ahí ordena a 39 hombres construir el Fuerte Navidad con la misma madera que van sacando de la Santa María. Esos 39 marineros nunca volvieron. Hicieron de América su nueva casa. Tremenda decisión vertiginosa.
En 2012, un navegante moderno, Bas Lansdorp, un ingeniero neerlandés, presentó Mars One, un proyecto privado para enviar misiones colonizadoras a Marte. Para integrar la tripulación, abrió una convocatoria electrónica a la que se registraron más de 200 mil personas interesadas en calificar y ser consideradas para ese viaje de entre nueve y diez meses, luego del cual llegarían a un sitio jamás pisado por ser humano alguno. Una misión nuevamente épica con garantía de no-retorno. Poner el pie en un sitio donde nunca antes nadie. Emprender el viaje a un lugar nuevo sin mirar atrás. De ahí la expresión “quemar las naves”. Insisto: emocionante, extremo, adrenalínico.
Como tantos otros esfuerzos, el Mars One fracasó, pero no deja de ser asombroso que doscientas mil personas se postularan. Doscientas mil personas interesadas en atravesar el espacio para arribar a un sitio inhóspito, con la única garantía del no-retorno, así como con Colón. Doscientos mil soñadores.
Nuestra especie sueña, todos merecemos soñar, sea con viajes interestelares, sea con la paz, el fin de la injusticia o con pan en todas las mesas. Artemis II nos lo recuerda. Sigamos soñando. Un día llegaremos a Marte. Un día terminaremos con el hambre y la injusticia. Un día seremos un mundo en el que todos los mundos quepan.
Oximoronas 1. La intención era publicar esta columna el domingo pasado. Gracias a quienes preguntaron: una misión interfamiliar con el Team Tortuga tuvo prioridad.
Oximoronas 2. Y entonces resulta que el derrame que no era derrame sí es derrame. Un desastre. Tenemos mucha presidenta. No se vale que le mientan.
Oximoronas 3. Esta misma semana, la presidenta cruzó el océano y la reconstrucción-cimentación de nuevos lazos con la otra mitad de lo que somos se ha reiniciado. Chingón. Enhorabuena, joder.
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