Mundial Patito
Galimatías. 29 de junio de 2026
Ernesto Gómez Pananá
En torno a México -los, las y les mexicanes- existe un par de leyendas urbanas que hoy vienen a cuento. La primera de ellas se le atribuye a Salvador Dalí, quien, según esta misma leyenda, expresó que no volvería jamás a nuestro país porque no soportaba estar en un país más surrealista que sus pinturas.
La otra referencia es del artista francés André Bretón, para muchos el padre del surrealismo, quien, se dice , al llegar por primera ocasión a México, se extravió al salir del aeropuerto y luego del periplo por la megalópolis novohispano-azteca, declaró a nuestro el país más surrealista del mundo. Y no era ni es para menos. Los mexicanos, en el fútbol como en tantas cosas, no somos los mejores del mundo, pero ciertamente, ya lo decía Octavio Paz, somos únicos en nuestra permanente contradicción: No tenemos la mejor democracia, pero sí el sistema más caro y con más partidos; condenamos la corrupción pero a la primera de cambio buscamos la ruta corta; procuramos la equidad, pero siempre que no implique perder privilegios; nos quejamos de la inseguridad pero admiramos al vecino que se vuelve millonario sin explicación lógica alguna; somos un país muy pobre, pero algunos de nuestros empresarios son de los más ricos del planeta; aplaudimos a rabiar ‘El Triste’ o al ‘Caballo de palo’, pero las canciones ganadoras fueron otras que ya hemos olvidado; queremos ser campeones del mundo en soccer, pero nuestra liga es mediocre y carecemos de cantera; lo dicho, una permanente contradicción que nos convierte por mucho en el más surreal entre los surreales, lo cual de suyo nos torna -paradójicamente- en aún más surreales.
Y qué más surreal todavía que un torneo que en tanto copa trinacional -según-, este torneo tenga no una ni dos sino desde luego tres “mascotas”, y que no identifiquemos tal vez a ninguna de las tres; qué más surreal que tampoco el ajolote morado haya podido ganarse un espacio como mascota-oficial-no-oficial entre los aficionados; y por supuesto, y ese es el pretexto para esta futbolística reflexión estimados lectores, qué más surreal y si no un pato, que pasó de ser la mascota de un niño cuya familia vende botellas de agua en el zócalo de la “Gran Capital” del surrealismo, a convertirse en la icónica mascota no-oficial de un torneo del que somos-sede-pero-no-somos-sede-o-bueno-sí-somos-sede; un pato al que como por merlinesca arte de magia le surgen diversos dueños, parientes pobres y parientes ricos. Sí, un pato ataviado con jersey y zaPATOS de fútbol, bamboleándose detrás de su amo, en medio de una multitud que le declara su virulento fervor.
Qué estampa más a tono con nuestra surrealidad bretoniana que, en la tierra en la que a cualquier cosa o producto no-oficial, imitación, clon, copia o versión pirata le llamamos “versión patito”, el Pato Merlín se haya convertido en la mascota no-oficial-pero-sí-oficial de la “Paco-Dialmun-FAFI-2026”, un pato al que, en esta rica veta del surrealismo nacional, varios quisieron madrugar y apropiarse de una marca que no les pertenecía, para, ya en ejercicio de propiedad creativa, demandar a todo aquel que pretenda comercializar versiones patito del pato que es la mascota no oficial ni reconocida por la FAFI. Sin duda somos una nación única. Las otras que se nos parecen no nos duran ni la primera ronda. Acaso son versiones patito.
Oximoronas 1. Bien lo ha dicho el Maestro Juan Villoro: Si existiera un campeonato mundial de aficionados, llegaríamos a la final.
Oximoronas 2. Haiga sido como haiga sido, con, contra y a pesar de la FAFI, es un gusto que tantos países no-dominantes, salten a la cancha y ahí, solo sean once contra once, en igualdad de condiciones. Voy Cabo Verde, voy Costa de Marfil, voy Ghana, voy Marruecos, voy Senegal,
Voy República Democrática del Congo, con su estatua viviente de Patricio Lumumba, mártir, prócer y padre de esa nación; voy Sudáfrica y por supuesto, voy Argelia, patria de mi bisabuelo.
Oximoronas 3. Genial también mirar las alineaciones de Francia o de Inglaterra. Escuadras multirraciales, reflejo de mestizajes profundos y de larga data. Insisto, estimados 39 lectores, no obstante, en contra y a pesar de la FAFI, algo -tal vez mucho- de lo que somos se refleja en la cancha.
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