S de sonido. S de sabor
Galimatías. 21 de junio de 2026
Ernesto Gómez Pananá
Somos, a partir de lo que sentimos, a partir de lo que percibimos. Hace un par de semanas, dediqué este espacio dominical para reseñar algunas experiencias gustativas, memorias de vivencias sensoriales a través del paladar, específicamente con algunas clases de pan dulce.
Para este domingo de festejos paternales, traigo un brevecompendiodesonidoschilangos, un recuento de algunos de los sonidos más representativos de la Ciudad de México. Haga el ejercicio, estimado lector, lectora, lectore, lea por favor las descripciones, cierre los ojos e imagínese por un momento en el cruce de alguna transitada avenida de esta nuestra Gran Capital. Acá iniciamos:
El primer sonido contemporáneo que asocio a la Ciudad de México posiblemente ya transita las colonias de muchas otras ciudades del país, una voz femenina relativamente joven, de ritmo pausado que alarga las sílabas tónicas con énfasis: “Se coooompran colchoooones, tambooores, refrigeradoooores, estuuufas, lavadoooras, microooondas o algo de fierro viejo que veeendan”; cadencia y cuasi melodía para anunciar que un moderno ropavejero recorre las calles comprando prácticamente cualquier tiliche. Se le escucha en la Doctores, pero también en la Del Valle o en Polanco. La grabación original se volvió orgánica y genuinamente viral y la voz original que repiten los megáfonos de todo México es réplica de aquella.
También montado en el tren de la modernidad sonora, por las tardes-noches es común escuchar una voz masculina ligeramente ronca y cadenciosa que se come la eñe al tiempo que incita a la gula despertando el apetito con su sugerente invitación: “Acérquese y pida sus ricos tamales oaxaquenios… ya llegaron sus ricos y deliciosos tamales oaxaquenios…”. Desconozco por qué en la grabación solo se alude a los referidos, pero cuando uno se encuentra frente a esa gigantesca vaporera montada en triciclo, descubre que quien vende no es la misma persona de la grabación, pero con entusiasmo se entera que además de oaxaquenios, a bordo también viajan viandas de hoja y masa provenientes de Veracruz y Chiapas en feroz competencia por dejar en claro que lo de Oaxaca es mera mercadotecnia y que la cuna y fortuna del tamal mexicano radican en la tierra maya-zoque chiapaneca, con su prolongada lista de variantes, misma que cada que salgo al encuentro del referido vehículo-transportador-de-tamales, defiendo frente al vendedor, argumentando precisamente que el tamal chiapaneco como versión única no existe, al tiempo que le recito de memoria la lista de algunos de ellos.
Pero no solo es comida lo que se anuncia a voz viva en la capital mexicana. Diariamente, los cauces y túneles de los gusanos naranjas que transportan a millones de habitantes de esta ciudad, se convierten en romerías andantes en las que se funden y confunden las voces empeñadas en sacar la cuenta del día mientras ofrecen con melódico y peculiar tono chilango -replico solo una tercia de ellos, mientras en mi cabeza suena más de una docena de voces ofreciendo mercancía-:
“Se va a llevar el llavero del mundial, el llavero de moda, el llavero de novedad por solo diez pesosssss… llévele, llévele por solo diez pesosssss” (acá el vendedor en cuestión hace una brevísima pausa mientras entrega el primero a un espontáneo comprador y reinicia la arenga con renovado entusiasmo)
“Señoras y señores pasajeros muy buenas tardes. Espero no causarles molestias. Mi nombre es Aserrín y me gano la vida haciendo reír a las personas que amablemente me regalan una moneda o una sonrisa… pero no me vea feo, señorita… mas feos están en su casa y usted no les hace cara”. En este caso la presentación suele extenderse alrededor de diez minutos plagados de chascarrillos diversos, al término de los cuales el protagonista agradece la atención a su espontánea audiencia, al tiempo que pide una moneda y deja en claro que es consciente de no ser un profesional pero que de algo ha de ganarse el sustento y qué mejor que no sea “robándoles su cartera o su monedero”.
Ya de salida de esos pasillos subterráneos-hoy algunos tan elegantemente afrancesados-, uno escucha cada vez con más fuerza una voz generalmente de hombre que invita e incita decididamente a sucumbir a una oferta gastronómica irresistible: “Pásele. Son cíiiiinco tacos de canasta, cíiiinco tacos de canasta por veinte pesos. Pásele. Hay de papa, de frijol, de adobo, de chicharrón, pásele. Cuántos le doy”. Al tiempo que el vendedor grita, despacha, cobra o aplaude mientras alrededor de él, una docena de viandantes ingieren los propios con singular frenesí. Una delicia irresistible ante la que, lo confieso, suelo sucumbir con alguna frecuencia. Más que ante los oaxaquenios, más que ante las tortas de tamal o de chilaquiles, de las que reseñaré en alguna otra entrega, más que ante la barbacoa, las flautas, la birria, los tlacoyos, las gorditas, los sopes o las quesadillas sin queso.
Salud estimades 40 lectores. Feliz día del padre para los que aplique. Gracias Pate; gracias Kiki; Gracias Abby. Los amo infinitamente.
Oximoronas 1. Se jugó feo, pero se le ganó a Corea. Preferible jugar feo y ganar, a jugar como nunca, pero perder como siempre.
Oximoronas 2. Y resulta que siempre no. Luego de que EEUU e Irán anunciaran el fin de las hostilidades en el Estrecho de Ormuz, nuevamente la verborrea y la inestabilidad mental de alguno de los involucrados atizan el escenario. Por fortuna, mediciones confiables en el país del norte, anticipan una derrota republicana en las elecciones legislativas del año próximo. El partido del presidente perdería la mayoría en ambas cámaras y la esquizofrenia tendrá un dique.
Oximoronas 3. Termina el plantón de la CNTE en CDMX. Y así, sine pudore, ad eternum, ad nauseam.
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