Trabajo

Galimatías. 15 de agosto de 2026
Ernesto Gómez Pananá 

En la infancia, es común que podamos jugar a ser doctor, maestra, piloto aviador, bombero, futbolista o escritora. En esa época de la vida soñamos con lo que “queremos ser de grandes”, soñamos con aquello en lo que trabajaremos cuando lleguemos a ser adultos.

La palabra “trabajo” deriva del latín vulgar tripaliare, que a su vez proviene de las raíces tri, tres y palus, palos, tres palos atados, que en la antigua Roma se utilizaban para atar e incluso torturar animales.

Con el devenir de los siglos, el concepto “tripaliare” evolucionó no solo en su escritura, sino en su significado, igual que evolucionó el sentido mismo del trabajo humano: de la mano de este, surgieron también los conceptos de “labor” o “salario”, y “tripaliar” dejó de ser castigo o padecimiento, para definir aquella actividad que da viabilidad económica y, diría Fromm, plenitud creativa y realización personal a quien la desempeña.

En algún punto de mi adolescencia, a los 13 o 14 años, leí por primera ocasión sobre algo llamado “servicio profesional de carrera” y que en la nota periodística hablaba del sistema burocrático británico, en el que ser “servidor público” constituía una actividad profesional, dedicada, especializada y elegida por vocación -por goce y placer- y no únicamente por conveniencia económica. Algo que por lo demás, me refiero al servicio profesional de carrera, no existía en el gobierno de México. 
Recuerdo que en aquel momento algo se clarificó en mi mente. En aquel momento percibí con tremenda contundencia que eso era lo que elegía como mi camino al futuro, mi elección por vocación, mi vocación por elección.

Para ingresar a la licenciatura en la universidad, presenté mi examen de admisión y me admitieron en la carrera de psicología. Pudiera parecer extraño, pero nunca me vi atendiendo pacientes o dando terapia. Asumí la psicología como un mecanismo para escuchar y comprender al otro y servirle, apoyarle a resolver sus problemas. Asumí el trabajo en el instituciones públicas como una posibilidad de ejercer el servicio público. Un privilegio.

Terminé la licenciatura y luego de un corto paso como orientador vocacional en una secundaria, tuve mi primer empleo formal en la Secretaría de Salud federal, en la Ciudad de México. De ahí pasé a la UNAM, al Colegio de Bachilleres federal, a Coneculta Chiapas; tiempo después al Senado de la República y luego a Becas Benito Juárez. Hoy, formó parte del equipo interinstitucional que atiende la prioridad presidencial número 30. Se relata en dos líneas. Son treinta años de laborar desde el otro lado del escritorio -y sin pretensiones, también en territorio-. Comencé en agosto de 1996. Este mes alcanzo treinta años haciendo algo que me gusta. El tripalium que elegí como vocación. Un privilegio.

Gracias a todos los jefes, maestros, compañeros y colaboradores de quienes he tenido el privilegio de aprender. Gracias a quienes me han otorgado la oportunidad de servir haciendo lo que es una pasión. Sigamos caminando.

Oximoronas 1. Lo dijimos en EntreSemana Podcast y también aquí en su Galimatías de confianza: son tiempo inéditos, tiempos desconocidos, tiempos de los que debiéramos emerger como una sociedad más madura.

Oximoronas 2. Sin duda puede resultar preocupante la cancelación de una, dos, tres, cincuenta visas. Son preocupantes también los cuatro millones ochocientas mil visas de las que carecen igual número de mexicanos en los EEUU. También preocupan -y enfurecen- los casos del medio millón de casos, especialmente de ciudadanos provenientes de Centroamérica, que en los últimos ocho años han intentado ingresar a México y han sido “devueltos” a su país. México no les permite el ingreso a nuestro país.

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